Resurrección I

Este documento constituye el comienzo de mi resurrección, y por tanto es también el comienzo de la tuya.

Nací el 1956-06-07, hace ahora 63 y pico de años.

Ayer, 2020-03-08, celebramos el 90 cumpleaños de mi mami en casa de mi hermano (literalmente cumple años el 2020-03-03, pero lo atrasamos para que pudiera venir más gente). Eso me llevó a plantearme lo que yo desearía pedir si acaso fuera yo el que iba a cumplir 90 años, y lo tengo muy claro.

En 2012-07-09 comencé a estudiar el libro “Un curso de milagros” y lo acabé un año después, el 2013-07-08: una lección diaria durante 365 días. Fue el año más intenso en esta vida corporal, y sigue siendo igual de intenso a día de hoy. Sin embargo, surgían ciertos problemillas que no he sabido resolver hasta este día actual. Por ejemplo, se suponía que descartaría la enfermedad, y a día de hoy esto no se habría cumplido.

Miraba a mi mami, 90 años, a mi tía, casi 93 años, y las veía desgastadas por la edad. Miraba a los demás, mis hermanos, mis primos, mis hijos, etc., y veía sus formas, delgadas o gruesas, nada que ver con lo que yo había conocido. Y nuevamente me pregunté lo que yo desearía en mi 90 cumpleaños. Y la respuesta era obvia: deseaba la sanación para todo. Pero ¿realmente estaba proclamando la sanación?

Mis dolores y molestias no se habían acallado. A pesar de que ahora contemplaba la inocencia en todas partes, ahí seguían mis dolores de dentadura, mis estornudos abundantes, mis mocos excesivos, mi asma diario, etc. y ninguna solución del curso me daba la solución.

Y recordando, recordando, me dí cuenta de que había aplicado la solución teóricamente, pero aún no en la práctica. Sólo hay una cosa que provoque malestar o enfermedad, y es la culpa. Esto lo supe a base de prácticas: que si ahora dejo el tabaco, que si lo retomo, que si me dejo el alcohol, que si lo retomo, etc. Lo único que aún no había manifestado públicamente, sólo parcialmente, por ratos, era mi amor idéntico hacia todas las cosas.

Y de repente supe lo que pediría si yo cumpliera ahora 90 años: una orgía universal, un instante santo (sin culpa) de amor eterno envolviendo toda cosa creada. En vez de dos amantes pude vernos a todos practicando sexo, o no, depende de tus gustos, de manera santa: todos con todos a la vez, respetando nuestra única identidad como hijos gloriosos, sin miedo, de un amante Padre.

Y así publico esto en los medios más extensos que conozco, para que quede constancia de lo pedí a mis 90 años. Seguiré publicando más acerca de este tema, pues no hay otra cosa que desee más.

El medio principal será mi blog:

https://jlcortesescolano.wordpress.com/

Publicaré también las actualizaciones en mi perfil de facebook:

https://www.facebook.com/itxziar/

Y dejaré que todo siga cambiando hasta mi 90 cumpleaños, jeje.

Compartir: La ley que unifica al Reino y lo conserva en la Mente de Dios

sunset-599826_640

Hemos dicho que sin proyección no puede haber ira, pero también es verdad que sin extensión no puede haber amor. Todo ello refleja una ley fundamental de la mente y, por consiguiente, una ley que siempre está en vigor. Es la ley mediante la cual creas y mediante la cual fuiste creado. Es la ley que unifica al Reino y lo conserva en la Mente de Dios. El ego, sin embargo, percibe dicha ley como un medio para deshacerse de algo que no desea. Para el Espíritu Santo, es la ley fundamental del compartir, mediante la cual das lo que consideras valioso a fin de conservarlo en tu mente. Para el Espíritu Santo, es la ley de la extensión. Para el ego, la de la privación. Produce, por lo tanto, abundancia o escasez, dependiendo de cómo eliges aplicarla. La manera en que eliges aplicarla depende de ti, pero no depende de ti decidir si vas a utilizar la ley o no. Toda mente tiene que proyectar o extender porque así es como vive, y toda mente es vida. (Un curso de milagros, Texto 7.VIII.1)