Lo que sufre no forma parte de mí.

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He abjurado de la verdad. Permítaseme ahora ser igualmente firme y abjurar de la falsedad. Lo que sufre no forma parte de mí. Yo no soy aquello que siente pesar. Lo que experimenta dolor no es sino una ilusión de mi mente. Lo que muere, en realidad nunca vivió, y sólo se burlaba de la verdad con respecto a mí mismo. Ahora abjuro de todos los conceptos de mí mismo, y de los engaños y mentiras acerca del santo Hijo de Dios. Ahora estoy listo para aceptarlo nuevamente como Dios lo creó, y como aún es.  (Un curso de milagros, Ejercicio 248.1)

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La única necesidad que Dios y Su Hijo comparten

Escúchale gustosamente, y aprende de El que no tienes necesidad de relaciones especiales en absoluto. Lo único que buscas en ellas es aquello que desechaste. Y a través de ellas nunca podrás aprender el valor de lo que descartaste, lo cual, sin embargo, sigues anhelando con todo tu corazón. Unámonos para hacer que el instante santo sea lo único que hay, al desear que sea lo único que hay.

El Hijo de Dios tiene tanta necesidad de que estés dispuesto a tratar de lograr esto, que es imposible concebir una necesidad mayor.

Contempla la única necesidad que Dios y Su Hijo comparten, y que quieren satisfacer juntos. No estás solo en esto. La voluntad de tus creaciones te llama para que compartas tu voluntad con ellas. Por lo tanto, dale la espalda a la culpabilidad en paz y dirígete hacia Dios y hacia tus creaciones.

(Todo son citas de Un curso de milagros, Texto 15,VIII,2)